Bochornoso esperpento inquisitorial

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No se merece este pueblo que lo intoxiquen premeditadamente. La información es poder, al menos eso se dice, lo lamentable es que en muchos medios de comunicación la información no exista y encima se debata sobre su inexistencia.

El hecho es que quienes gobiernan, y seguirán gobernando este país, que dicho sea de paso, no son los gobiernos ni los parlamentos llenos a rebosar de políticos, han decidido que hay que intensificar la campaña mediática para desprestigiar a aquellas fuerzas políticas que parecen mostrarse más díscolas con la obediencia debida a los poderosos.

De nada valen las actuaciones ejemplares, en corto espacio de tiempo, sólo desde el año pasado, de quienes han sido elegidos por el pueblo y que han publicado su código moral de buenas formas de conducirse en materia de tiempo de permanencia en los cargos y salarios. Ni más de 8 años y al mes un sueldo de alrededor de 2000 euros. Hay quien piensa que los 8 años deberían ser para toda dedicación a cargo público sea cuales sean y que el salario por dedicarse a ello nunca debe rebasar lo que las personas venían cobrando en su, digamos, vida civil.

De nada valen las actuaciones ejemplares de facilitar la participación a toda persona que desee hacer llegar y publicitar sus iniciativas políticas. De nada valen las actuaciones ejemplares en materia de transparencias en las cuentas o las actuaciones ejemplares en los gastos en campaña electoral, que nunca suponen recurrir a bancos.

La caricaturesca actividad inquisidora se sostiene en humo: una libreta con tapas azul que el inquisidor general muestra a la audiencia, en una cadena de TV cualquiera, diciendo que es un informe policial. En unos textos sacados de twiter hace dos años. De una presunta financiación ilegal con dineros de Venezuela o de Irán. ¡Se habrán ido a tribunales! ¿Cómo que no? Pues eso, que ninguno, empezando por los inquisidores (amparados en el hábito de periodistas) se atreven a acusar de delitos donde hay que hacerlo. Emiten sus sentencias condenatorias por la tele o por el periódico y se quedan tan panchos. El demonio es Venezuela, dicen, y aparecen fotos de Aznar con Chaves. Satán es Irán y aparecen unas fotos de la delegación española del PP que llega a Irán, hace nada.

Todo es despotricar, de unos u otros, porque el temor y la ira se mezclan violentamente con solo percatarse simplemente de que es posible que se deje de gobernar. Y entonces se sueltan los perros inquisitoriales para intoxicar a la opinión pública. Esta forma de actuar creando climas no ya de intolerancia, sino incluso justificadores de violencia, han estado presente en los prolegómenos de los Golpes de Estado. Un ejemplo: El locutor de radio Jiménez Losantos dice que cuando ve a los dirigentes de Podemos Iñigo Errejón, Carolina Bescansa o Rita Maestre le sale «el agro, el monte» y que si llega a llevar una lupara (una escopeta recortada) al verles dispararía: «Menos mal que no la llevo».

En los grandes medios es difícil parar esta maniobra malsana y dañina, Podría bastar con apagar el televisor o cambiar de canal. La gran responsabilidad de cada persona si reside en el uso que hace de sus redes sociales. Porque extender la difamación, la mentira, sean del signo que sean es responsabilidad de cada cual.

Entre muchas personas PODEMOS parar este Bochornoso esperpento inquisitorial.

Fdo Rafael Fenoy Rico