Conveniencia de convivir cosoberanamente

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Entre lo que hay y la cosoberanía puede haber un estrecho trecho plagado de beneficios para todas las personas. Recientes declaraciones del Ministro de asuntos exteriores, José Manuel García-Margallo, vienen a apuntalar la línea, que desde el gobierno español tradicionalmente ha venido adoptado, en torno a una solución del contencioso de Gibraltar, con carácter definitivo, mediante un estatus especial de Cosoberanía Británico-Española. El dichoso Brexit ha venido a situar este asunto en primera línea de las inquietudes de la población campogibraltareña. Tanto a un lado como al otro de la verja preocupa el devenir de la desconexión, que parece inevitable, del Reino Unido con respecto a la Unión Europea.

El Ministro español, sin pretender aportar mayor información, ha dado pistas de la posibilidad, al menos dentro de la actual Constitución Española, para regular una situación especialísima para Gibraltar y confiemos que su entorno geográfico. Difícil será organizar un espacio de amplísima autonomía dentro del territorio español si no se contempla al menos la bahía de Algeciras, como espacio geoestratégico imprescindible para que este proyecto tenga las debidas garantías.

Otro asunto es si la Unión Europea se abstendrá de intervenir en las decisiones que tanto Reino Unido como España adopten en ese sentido y siempre, según el Sr Margallo, contando con la conformidad del pueblo gibraltareño. De hecho el ministro da por descontado que fracasará el intento por parte de Reino Unido de integrar a Gibraltar en su particular negociación para su salida de la Unión Europea. Y ello abocaría necesariamente, para satisfacer los intereses del pueblo de Gibraltar, a una negociación de la co-soberanía.

Cierto es que la Constitución Española en su artículo 144 permite “b) Autorizar o acordar, en su caso, un Estatuto de autonomía para territorios que no estén integrados en la organización provincial”. Pero es evidente que antes de aplicar esta “rendija” legal, se deben soslayar obstáculos enormes comenzando por la voluntad del pueblo gibraltareño, al que según el ministro Margallo, es preciso seducir con la propuesta, ya que el gobierno de Londres ha manifestado, por activa y pasiva, que no entrará en proceso alguno de negociación con España sobre la soberanía de Gibraltar en contra de los deseos de los gibraltareños. Es clara la voluntad de llegar a acuerdo con España, siempre que sea a gusto de los yanitos. Y en este punto es donde la imaginación debe permitir configurar un futuro halagüeño para todos los habitantes campo-gibraltareños. Un primer envite para los políticos de la roca pasa por mantener la íntima relación con Gran Bretaña, comprensible. Aunque no siempre la prosperidad del pueblo supone la de sus “jefes” y en este punto deben los líderes gibraltareños tener eso que se llama “altura de miras”. Porque ¿qué enormes beneficios obtendría la población de este territorio que se asoma a la bahía de Algeciras? ¿Podría suponer alcanzar el estatus de territorio autónomo de la Unión Europea?, con el incremento de los correspondientes derechos y beneficios, así como mantener la nacionalidad que cada cual desee. El proceso sólo será posible si el pueblo gibraltareño se beneficia, y mucho, así como las poblaciones vecinas. Por ello más allá de la palabra co-soberanía conviene indagar en otras maneras de resolver el mayor número de problemas y dar satisfacción a las justas aspiraciones de quienes manifestamos nuestro deseo de estar en la Unión Europea y vivimos en este marco incomparable.

Fdo Rafael Fenoy Rico