Después del 1 de mayo ¿Qué?

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Ya pasó. Otra vez el 2 de mayo amaneció, con el sopor normal del día siguiente. Otro nuevo día, que es fiesta en Madrid por aquello de la guerra contra el francés. De nuevo, el 1 de Mayo, las centrales sindicales (nombre curioso), CCOO y UGT evocaron el pasado, analizaron el presente y en clave electoral invitaron al electorado de “izquierdas” a la futura cita con las urnas. No por repetir las liturgias obreras la realidad queda transformada, pero es innegable que, al menos el 1 de Mayo, algunas personas no olvidaron a los mártires de Chicago, ¡Si! Aquellos que lucharon por una jornada laboral de 8 horas, que desde hace más de un siglo siguen inamovible. Y el éxito de la unidad produjo el resultado a pesar de la represión y la muerte, porque lo importante era el objetivo y no un programa electoral.

En los muchos actos reivindicativos se han denunciado las condiciones de vida de las personas trabajadoras en España, aunque ninguno de los voceros ha valorado que treinta años de ir a votar, a alguno de los políticos profesionales que desean perpetuarse, sea la causa de tanta tragedia. Y vuelta a pedir el voto para una izquierda que ha estado ausente, secuestrada, precisamente por la izquierda “oficial”, la civilizada, a la que tanto ayudan las grandes empresas y bancos de este país, que acogen a sus políticos más señalados, “luchadores” por las libertades, en sus consejos de administración, aquella que tanto empeño muestra en que se les vote, a estos, una y otra vez. ¿No es suficiente, para no votar a la denominada izquierda oficial, el ver a sus dirigentes disfrutando, en tiempos de miseria popular, de yates, lujosas mansiones, pisos de alto standing, con niveles de vida de la “yet set”?

La situación económica se ha ido degradando y con ello han empeorado las condiciones laborales y sociales de la población en general. Aquellas organizaciones oficiales, sindicales y políticas, que dicen vertebrar la fuerza revolucionaria del pueblo, no han traducido esta terrible realidad en una mayor movilización social y sindical, ni en un fortalecimiento de la organización del pueblo para garantizar derechos que mejoren esas condiciones de vida. Antes bien, lejos de ayudar a la auto-organización, la han frenado, la han descabezado, la han boicoteado, sabiendo a ciencia cierta de que el pueblo organizado no precisa de sus “celestineos” con el gran capital y la banca.

Por otro lado la izquierda “real”, así se proclama, la revolucionaria, según otros, se muestra dividida en bandos y banderías, la atomización de organizaciones sindicales y políticas es su inmensa debilidad. Porque aquí si funcionan, como allí, los personalismos. Los liderazgos, ideológicos más que pragmáticos. Y es claro que donde surgen líderes se desarrolla la autoridad del aparto que los sostiene. Esa izquierda “real”, que añora resucitar el Frente Popular, jalea la necesaria superación de la contradicción entre explotadores y explotados, cuando no se percata, y muchos no desean percatarse, de que la principal contradicción a superar se desarrolla entre dirigentes- dirigidos. Porque, derechas e izquierdas políticas, sostienen su poder sobre el pueblo precisamente para mantenerlo como dirigido, en una especie de niñez permanente, que requiere de los cuidados de ¡quienes saben!, que es lo mejor para el pueblo.

Fdo Rafael Fenoy Rico