Inquisitorial respuesta a una titiritería.

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Seguro que la forma y el contenido de la actuación de los titiriteros en Madrid ha producido conmoción entre personas que veían la representación. No se sabe si muchas o pocas. Lo cierto es que se produjo el arresto de dos titiriteros (Persona que maneja títeres o marionetas). Faltó nada, por el importante alcance de esa noticia, que algunos medios de comunicación relacionaron el asunto con la apología del terrorismo y a la Alcaldesa de Madrid. Los titulares en este sentido no dejan mucho lugar a la duda “Los titiriteros de Carmena”… etc.

Cierto que es difícil encontrar en la selva mediática un relato “objetivo” de cómo se desarrollaron los hechos. Probablemente quienes propagan no tienen espacio suficiente para informar, para contar los pormenores de la noticia y si mucho que opinar para dar “caña” a diestro y siniestro. Es cierto que el Ayuntamiento de Madrid ha actuado fulminantemente cesando a la persona que coordinaba los eventos del Carnaval en Madrid.

Cierto es que el titular del Juzgado Central de Instrucción número 2 de la Audiencia Nacional, Ismael Moreno, ha dictaminado prisión incondicional para los dos titiriteros “por la comisión de un delito de enaltecimiento del terrorismo y de un delito cometido con ocasión del ejercicio de los derechos fundamentales y de las libertades públicas garantizadas por la Constitución”. Y se remite a que durante el desarrollo de la obra ‘La bruja y don Cristóbal’ “escenificaron numerosas acciones violentas”, como el ahorcamiento de un guiñol vestido de juez y el apuñalamiento de un policía, y la violación de una monja. También que mostraron las marionetas, claro está, una pancarta con la leyenda ‘Gora Alka-ETA’. Todo ello dentro del contexto de una obra de teatro para títeres. Evidentemente, por si alguien no se da cuenta, la gravedad del suceso es de tal magnitud que merece un tratamiento mediático extenso y una rápida acción de la justicia justiciera.

Importa señalar que el desarrollo de una obra teatral donde se manifiesten escenas “de mal gusto”, “hirientes”, inaceptables, para los espectadores, es una de las consecuencias del ejercicio de una libertad de expresión. Esta libertad sin duda tiene unos límites que de sobrepasarse deben someterse a juicio y ser sancionados en su caso. Por otro lado no parece importar que “el mal gusto y el deseo de dañar” también están presentes en la presión mediática. Precisamente quienes a la información se dedican enarbolan la bandera de la libertad de expresión y cuando se roza siquiera deberían ser prudentes hasta el extremo y reclamar objetividad y sensatez, al dimensionar lo que ocurre y darle el tratamiento informativo que corresponda. Ada Colau ha expresado con sencillez y claridad que: “En una democracia sana, en un estado de derecho, hay que proteger toda libertad de expresión, hasta la que no nos guste, hasta la que nos moleste”. Podría ser Ada u otros: Ejemplos Noam Chomsky “Si no creemos en la libertad de expresión para la gente que despreciamos, no creemos en ella para nada”, o Benjamín Franklin “Aquellos que cederían la libertad esencial para adquirir una pequeña seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad.” No es que se tenga miedo en estos momentos y menos de unas marionetas que escenifican una representación teatral. Pero la respuesta inquisitorial, tanto mediática como judicial, ha sido desproporcionada y por tanto injusta. Evidentemente intereses bastardos, claro que los hay, para airear y profundizar en el asunto.

Importa y mucho evitar que quienes tienen el poder del estado actúen inquisitorialmente. La privación de libertad se justifica cuando hay motivos suficientes para prevenir delitos graves, para el interferir en la investigación o para evitar fugas de la justicia. Este no es el caso, por lo que estos titiriteros deben quedar en libertad YA, a la espera de que se celebre el juicio.

Fdo Rafael Fenoy Rico